Citrato de magnesio: ¿es bueno para los riñones? Beneficios, riesgos y cuándo tener cuidado

La enfermedad renal crónica (ERC) —o insuficiencia renal— tiene algo “traicionero”: en muchos casos no avisa fuerte al principio. Y cuando por fin da la cara, a veces ya estás metido en un lío serio (desde analíticas alteradas hasta acabar con tratamientos agresivos). A mí esto me obsesiona por una razón muy simple: si aprendes a detectar señales tempranas y haces cambios de hábitos a tiempo, puedes mejorar muchísimo el pronóstico.

El problema es que, en paralelo, se ha puesto de moda el mundo de los suplementos. Hoy todo el mundo quiere “tomar algo” para protegerse: magnesio, omega-3, NAC, coenzima Q10… y claro, el citrato de magnesio sale en todas las conversaciones, especialmente cuando alguien pregunta por estreñimiento, calambres, estrés… o directamente por “riñones”.

Y aquí viene la pregunta clave (la que realmente importa): ¿citrato de magnesio es bueno para los riñones… para quién? Porque no es lo mismo tener riñones sanos, haber tenido cálculos (piedras), tener una ERC leve, estar medicado, o estar en fases avanzadas. El mismo suplemento puede ser “ok” en un escenario y una mala idea en otro.

En este artículo te lo voy a explicar sin humo: beneficios potenciales, riesgos reales, y sobre todo cómo identificar señales tempranas para cambiar hábitos (que, honestamente, es lo que más protege a los riñones a largo plazo).


Antes de nada: de qué “riñones” estamos hablando (riñón sano, cálculos, ERC, diálisis)

Si te digo “el citrato de magnesio puede ser bueno” y lo dejo ahí, te estaría engañando por simplificar. La respuesta depende del contexto, porque el riñón es un filtro: lo que entra (incluyendo suplementos) se procesa y se elimina en buena parte por el cuerpo… y en ERC ese filtro no va fino.

Yo lo explico así: hay al menos cuatro escenarios típicos en los que la gente busca “magnesio y riñones”:

  1. Riñones sanos + curiosidad / prevención.
    Aquí suele haber margen para hablar de hábitos y, si se suplementa, hacerlo con criterio y sin “megadosis”. Aun así, no es un salvavidas: si comes fatal, duermes mal, te pasas con ultraprocesados y sodio, y encima te deshidratas, el suplemento no te “compensa” el resto.
  2. Historial de cálculos renales (piedras).
    Mucha gente ha pasado por un cólico renal y no lo olvida jamás. Y desde ahí nace el “voy a hacer todo para que no me vuelva a pasar”. En este caso el magnesio aparece porque muchos cálculos son de oxalato de calcio (y se habla de medidas dietéticas y cofactores como el magnesio y la B6 para reducir la “tendencia” a formar piedra). Ojo: esto no significa “toma magnesio y ya está”; significa que hay que entender el tipo de cálculo, los hábitos, el agua, el sodio, y lo que comes.
  3. ERC leve o moderada (por ejemplo, FG disminuido).
    Aquí ya entramos en terreno delicado. Hay literatura nefrológica que recalca algo importante: cuando la función renal cae, la eliminación de magnesio se altera y puede acumularse, especialmente si usas productos con magnesio como laxantes o antiácidos. En pacientes con ERC se ha descrito hipermagnesemia incluso con dosis habituales de estos productos.
  4. ERC avanzada, diálisis o “insuficiencia renal” importante.
    Aquí el mensaje suele volverse más tajante por seguridad: cuidado con minerales y suplementos por riesgo de acumulación. Es el tipo de contexto donde en divulgación se oye lo de “contraindicado en insuficiencia renal”.

Mi regla mental para no equivocarme es esta: antes de preguntar “qué magnesio tomo”, pregunto “qué estado renal tengo y qué objetivo busco”. Sin eso, es muy fácil caer en el “me recomendaron X en TikTok” y liarla.


Qué es el citrato de magnesio y por qué se usa tanto

El citrato de magnesio es una forma de magnesio combinada con ácido cítrico (citrato). ¿Por qué se ha hecho tan popular? Por dos razones prácticas:

  • Suele tolerarse bien (aunque en algunas personas da molestias digestivas).
  • Tiene una fama —bien ganada— de ayudar en el tránsito intestinal en ciertas dosis (porque puede tener un efecto osmótico en el intestino, atrayendo agua y favoreciendo evacuación).

Aquí es importante separar dos cosas que la gente mezcla todo el rato:

  • Magnesio como nutriente: el cuerpo lo usa en muchísimas reacciones (energía/mitocondria, músculo, nervio, etc.).
  • Citrato de magnesio como “herramienta digestiva”: mucha gente lo compra pensando en estreñimiento o en “me relaja”, pero lo que nota principalmente es el intestino.

En mi caso, cuando escucho “me da calambres” o “duermo fatal” y alguien se va directo a “citrato”, siempre pienso: vale, pero… ¿cómo está tu base? Porque hay cosas que por sí solas ya sobrecargan al riñón y al cuerpo: ultraprocesados, exceso de sal, poca agua, mala calidad de sueño, exceso de azúcar, etc. Si no arreglas eso, el suplemento se convierte en una tirita.

Además, con riñones “sensibles”, cualquier suplemento tiene una pregunta obligatoria: ¿lo vas a tener que eliminar bien? Y en nefrología hay un punto muy repetido: muchos problemas de magnesio alto en pacientes renales no vienen de “comer magnesio”, sino de laxantes o antiácidos con magnesio, que suman una carga extra.

Por eso, si tu interés por el citrato de magnesio es “por el riñón”, conviene que no lo veas como “un suplemento cualquiera”, sino como algo que:

  • Puede tener un uso razonable en algunas personas,
  • Pero no es inocuo en ciertos contextos renales,
  • Y no sustituye los cambios que de verdad protegen a largo plazo.

Lo que dice la evidencia clínica sobre magnesio y enfermedad renal crónica

Aquí hay que ser honestos: la evidencia que se suele citar en medios y notas de prensa (del estilo “el magnesio mejora la ERC”) existe, pero hay que entender qué afirma exactamente y en qué condiciones.

Un ejemplo es una nota divulgativa sobre investigación donde se menciona que el déficit de magnesio se asocia a complicaciones como calcificaciones vasculares (algo relevante en ERC) y que la suplementación con magnesio ha mostrado efectos beneficiosos en modelos de estudio, incluyendo reducir niveles elevados de fósforo, lo cual podría impactar en esas calcificaciones.

¿Qué me llevo yo de ahí, sin venderte milagros?

  • El magnesio importa en salud cardiovascular y metabolismo mineral, áreas que en ERC están muy tocadas.
  • Puede haber escenarios en los que corregir un déficit tenga sentido dentro de un plan clínico.
  • Pero ese “tiene sentido” no significa “tómatelo a ciegas”, porque la nefrología también insiste en el riesgo contrario: magnesio alto por acumulación cuando la función renal falla.

Esto es clave: en salud renal, muchas veces hay una línea fina entre “corregir déficit” y “acumular”. Y esa línea no la marca un vídeo ni un post: la marca tu situación clínica (analíticas, filtrado glomerular, medicación, etc.).

Yo lo aterrizo en un enfoque muy simple: si hablamos de magnesio “para el riñón”, no lo planteo como un comodín, lo planteo como una pieza más dentro de un contexto:

  • ¿Tu objetivo es prevenir cálculos?
  • ¿Tu objetivo es mejorar estreñimiento?
  • ¿Tu objetivo es “mejorar función renal” (que ya es un objetivo enorme y ambiguo)?
  • ¿Tienes sospecha o diagnóstico de ERC?

La investigación sugiere potenciales beneficios en ciertos mecanismos, sí. Pero también hay advertencias claras en literatura nefrológica sobre acumulación en ERC, especialmente con preparados tipo laxante/antiácido.

Mi conclusión práctica: el magnesio puede ser un aliado en escenarios concretos, pero en salud renal la palabra mágica siempre es la misma: contexto.


El lado B: cuándo el magnesio puede ser un problema para el riñón

Este es el trozo que casi nadie quiere leer (porque a todos nos gusta que nos digan “sí, esto te ayuda”), pero es el más importante para no meter la pata.

En enfermedad renal crónica, el riñón pierde capacidad de filtrar y ajustar minerales. La literatura nefrológica describe que, en pacientes con ERC, el magnesio puede elevarse y que antiácidos y laxantes que contienen magnesio pueden provocar hipermagnesemia incluso a dosis habituales.

Traducción a lenguaje humano: si tu riñón no está filtrando bien, no “gestionas” el magnesio igual que una persona con función renal normal.

Y aquí hay dos trampas típicas:

1) “Es solo un suplemento”

Hay suplementos que el cuerpo maneja sin demasiado drama en personas sanas. Pero con ERC (o sospecha), la frase “solo un suplemento” deja de ser tranquilizadora. No porque sea veneno, sino porque tu capacidad de eliminación cambia.

2) El uso “digestivo”

El citrato de magnesio se usa mucho por estreñimiento. Y justo por eso es fácil caer en usos repetidos, combinaciones, o “me tomé un poco más porque hoy estaba peor”. En un riñón tocado, ese “un poco más” puede ser un problema.

También aparece en divulgación un mensaje contundente tipo “contraindicado en insuficiencia renal”. Mi forma de interpretarlo sin alarmismo es:

  • Si alguien tiene insuficiencia renal significativa, se tiende a “cerrar la puerta” por seguridad (sobre todo a la automedicación).
  • Si alguien tiene riñón sano, no tiene por qué aplicar igual, pero tampoco significa barra libre.

Señales de “mejor consulta antes de suplementar”

Sin hacerte autodiagnóstico, yo me pondría especialmente prudente si:

  • Ya te han dicho que tu función renal está baja o “algo tocada”.
  • Tomas medicación crónica y no sabes interacciones.
  • Usas a menudo laxantes/antiácidos con magnesio.
  • Has tenido analíticas raras (creatinina/eGFR alterados) o síntomas persistentes.

Mi idea no es meterte miedo: es evitar el error típico de “me lo tomo porque lo vi recomendado”, cuando el riñón —si está en mala racha— es de los órganos que menos perdona la improvisación.


Señales tempranas que muchas personas pasan por alto (y que te conviene mirar ya)

Si hay una parte que yo repetiría mil veces es esta: la ERC puede empezar “silenciosa”. Por eso, más que obsesionarse con el suplemento perfecto, me interesa que la gente aprenda a notar señales y se haga las comprobaciones correctas cuando toca.

En mi caso, cuando empecé a fijarme en esto, me llamó la atención un patrón: mucha gente normaliza cosas que no deberían ser “lo de siempre”. Por ejemplo:

  • Fatiga brutal al final del día (ese bajón tipo 6–7 de la tarde en el que te cuesta sostenerte).
  • Sueño entrecortado: te caes de sueño pero luego duermes mal.
  • Cambios digestivos y malestar general (que muchas veces se relacionan con mala alimentación y con cómo de “cargado” va el cuerpo).
  • Y un tema que se menciona mucho en divulgación: espuma en la orina. Si es persistente o llamativa, es un motivo razonable para consultarlo y no dejarlo pasar como “bah, será normal”.

Ojo: ninguna de estas cosas por sí sola significa “tienes ERC”. Pero juntas, persistentes y sin explicación clara, sí son una razón para hacerte mirar (analítica básica y orina) y no jugar a adivinar.

También está el tema del dolor lumbar, que confunde a muchísima gente. Los riñones están en una zona alta de la región lumbar, pero la mayoría de dolores lumbares cotidianos vienen de columna/músculo. Por eso yo soy muy pesado con esto: si te duele la zona lumbar, no concluyas “son los riñones” sin más. Si te preocupa, lo correcto es evaluación clínica, no “pruebas caseras”.

Y aquí engancho con lo que de verdad te cambia la película: si identificas señales temprano y cambias hábitos, estás jugando a favor. Si lo ignoras y confías en que un suplemento te salvará, estás comprando boletos para el susto.


Hábitos que más ayudan al riñón (antes que cualquier suplemento)

Voy a ser directo: si tuviera que apostar a lo que más protege al riñón a largo plazo, no apostaría al citrato de magnesio. Apostaría a hábitos. Y no porque los suplementos sean “malos”, sino porque la base manda.

A mí me gusta llamarlo “alimentación consciente”, que no es una dieta perfecta ni una religión: es mirar el plato y preguntarte “¿esto es comida o es un producto?”. Cuando tu día a día se llena de ultraprocesados, exceso de sodio, bebidas azucaradas, y encima duermes mal y bebes poco, el cuerpo lo nota… y el riñón también.

Lo básico que suele mover la aguja:

  • Menos sodio (no solo “no le eches sal”: el sodio se esconde en panes, salsas, embutidos, snacks, etc.).
  • Más alimentos reales: frutas y verduras, legumbres si las toleras, proteínas de calidad y grasas saludables.
  • Hidratación razonable: el agua como herramienta, sin obsesionarse con litros absurdos. La idea es evitar tanto la deshidratación como “pasarse porque sí”.

Y algo que a mí me parece clave cuando hablamos de riñón: orden. Porque mucha gente se lanza a suplementos sin haber arreglado lo obvio:

  • Duermen 5 horas.
  • Comen tarde y mal.
  • Viven a base de “picos” de azúcar.
  • Y quieren que una cápsula haga magia.

Si tu objetivo es “cuidar riñones”, yo lo planteo como un triángulo:

  1. Alimentación (menos carga tóxica/ultraprocesada).
  2. Hidratación y sal (equilibrio).
  3. Control básico (tensión, azúcar, peso, analítica cuando toca).

Luego, si todo eso está razonablemente bien, hablamos de suplementación con cabeza. Pero al revés (primero suplemento, luego hábitos) es la receta típica de frustración.


Si aún así vas a suplementar: guía práctica sin flipadas

Vale, pongamos que has leído todo y aun así quieres una guía para no hacerlo a lo loco. Me parece sensato, siempre con dos límites claros:

  • Esto no sustituye a un profesional, especialmente si hay sospecha de ERC.
  • Si eres menor (o dependes de adultos), lo más seguro es hablarlo con tu familia y un médico antes de tomar suplementos “por tu cuenta”.

1) Preguntas que me hago antes de elegir “qué magnesio”

  • ¿Para qué lo quiero? (digestivo, calambres, estrés, prevención de cálculos, etc.)
  • ¿Cómo está mi función renal? (¿lo sé o lo estoy suponiendo?)
  • ¿Estoy tomando otras cosas? (medicación, otros suplementos)
  • ¿Cómo me sienta a nivel digestivo?

2) Citrato vs bisglicinato vs cloruro (comparativa útil)

FormaLo que suele buscar la gentePuntos a favor“Pero ojo con…”
Citrato de magnesioTránsito intestinal / estreñimiento, “magnesio general”Popular y frecuente, efecto digestivo en algunas personasEn riñón delicado puede ser mala idea improvisar; puede dar diarrea
Bisglicinato de magnesioRelajación, descanso, calambresSuele tolerarse bien en el estómagoNo es excusa para ignorar hábitos; igual hay que vigilar si hay ERC
Cloruro de magnesio“Me han dicho que sirve para todo”Aporta magnesioMucho marketing; puede dar diarrea y no es milagroso

Esta tabla no es para “elegir por moda”, sino para que entiendas el porqué de las decisiones.

3) Errores típicos que veo (y que yo evitaría)

  • Mezclar varios productos con magnesio (sin darte cuenta) y pensar que “no pasa nada”.
  • Usarlo como muleta del estreñimiento sin revisar fibra, agua, rutina, estrés.
  • Tomarlo “porque protege el riñón” cuando justamente tu riñón podría no estar eliminándolo bien (si hay ERC).
  • Creer que el suplemento arregla la causa principal de cálculos o ERC (casi nunca es así).

Mi conclusión práctica aquí es: si tu riñón está bien y tu objetivo es digestivo o general, puedes tener margen para usarlo con sensatez. Pero si hay sospecha de ERC o insuficiencia renal, la mejor jugada es no autoprescribirte y asegurarte de que no estás entrando en el escenario de acumulación descrito en nefrología.


Preguntas frecuentes (FAQ) y errores típicos

¿El citrato de magnesio “protege” el riñón?

Depende de qué entiendas por “proteger”. Hay enfoques que hablan de beneficios del magnesio en procesos relevantes en ERC (como calcificaciones vasculares y metabolismo mineral) en contexto de investigación. Pero “proteger” no significa que sea universalmente bueno para cualquiera ni que sea un escudo si tus hábitos van en contra.

Si tengo insuficiencia renal, ¿puedo tomar citrato de magnesio?

En divulgación se repite que está contraindicado en insuficiencia renal. La literatura nefrológica además advierte del riesgo de hipermagnesemia en ERC por productos con magnesio (antiácidos/laxantes) incluso con dosis habituales.
Con ese marco, mi recomendación general (y prudente) es: si hay insuficiencia renal o sospecha, consulta antes.

¿Y si lo quiero para cálculos renales?

Los cálculos pueden tener causas distintas. Muchísimos son de oxalato de calcio, pero eso no se arregla con una sola cosa. Lo potente suele ser: hidratación adecuada, sodio bajo, estrategia dietética y entender tu tipo de cálculo. El magnesio puede aparecer en conversaciones de prevención, sí, pero no como “solución única”.

¿Qué señales deberían hacerme pedir analítica?

Persistencia de fatiga inexplicable, cambios llamativos en orina (incluida espuma persistente), tensión alta, hinchazón, o si ya tienes factores de riesgo. No es para asustarse, es para no ignorarlo.

Error típico: “me duele la zona lumbar, seguro son los riñones”

La mayoría de dolores lumbares no son renales. Si te preocupa, mejor evaluación clínica que suposiciones.


Conclusión

¿Citrato de magnesio es bueno para los riñones? A veces sí, a veces no, y muchas veces la pregunta correcta es otra: “¿cómo están mis riñones y qué objetivo real tengo?”.

  • En personas con función renal normal, puede tener un uso razonable (especialmente por el lado digestivo) si se hace con cabeza y sin convertirlo en un “amuleto”.
  • En enfermedad renal crónica o insuficiencia renal, la cosa cambia: hay advertencias claras de que productos con magnesio pueden elevar los niveles por acumulación, especialmente laxantes/antiácidos, incluso a dosis habituales.
  • Y si tu idea es “cuidar riñón”, lo más rentable casi siempre es: hábitos + detección temprana + control básico, y luego ya decides si algún suplemento encaja en tu caso.

Si te quedas con una sola frase, que sea esta: los suplementos pueden sumar, pero los hábitos sostienen.

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